Ecuador. Los tagaeri y taromenani son los dos últimos pueblos en aislamiento que superviven al genocidio en el corazón del Parque Nacional Yasuní en la Amazonía. Por su condición de aislamiento, no hay certeza de cuántos son. Pero cada día su existencia afronta serias amenazas y graves peligros ante la invasión de petroleros, madereros y de otros grupos indígenas. 

Negar su existencia es solo de necios cegados por el desenfreno del extractivismo. Que más pruebas que las dos niñas, hoy de 12 y 9 años, arrancadas de sus raíces tras el ataque del 30 de marzo del 2013. Ese día ocurrió una matanza de, aproximadamente, 25 personas, sobre todo niños, mujeres y ancianos, que descansaban en una casa (foto principal, autoría de José Proaño).

Las dos niñas son las únicas testigos de la masacre. Ahora viven 'adoptadas' por las comunidades waorani de Dicaro y Bameno, al menos una de ellas con las familias de quienes habrían atacado a sus padres.

Ese trágico 30 de marzo, según las narraciones de los mismos agresores recogidas en el libro ‘Una tragedia ocultada’, de Miguel Ángel Cabodevilla (capuchino español conocedor de la historia de estos pueblos) y de Milagros Aguirre- los habrían atacado armados con escopetas y lanzas, sin que se trate de un enfrentamiento entre guerreros.

De eso, además de las versiones, existen evidencias como fotografías tomadas, con sus celulares, por los propios atacantes. En estas tomas se alcanza observar escenas trágicas.

Se suman elementos recogidos en el sitio como cartuchos y rastros de impactos de perdigones en objetos como ollas, que habrían recolectado estas familias para su superviviencia. "Eso evidenciaría, según el perito antropólogo Roberto Narváez, que los atacantes usaron armas de fuego".

A Narváez se le pidió hacer cuatro estudios antropológicos para sustentar el proceso penal sobre este caso. Estos fueron entregados por el perito a la Fiscalía, en el 2013.

Analizó una entrevista que uno de los atacantes dio a un periodista extranjero y su misión fue indagar cuáles serían las motivaciones para el ataque. "En culturas amazónicas, reconocer hechos de muerte tiene relación con la reafirmación al orden social interno (en este caso) de los waorani”.

Con un trabajo de antropología jurídica, basado en una serie de entrevistas, "se logró establecer cómo fue el detalle del ataque".

El cuarto informe de Narváez se refiere a la diligencia de reconocimiento del lugar de los hechos, dirigida por la Fiscalía. Al sitio se ingresó entre el 29 y 30 de noviembre de 2013. No se encontraron restos humanos.

LA CASA DE LAS FAMILIAS EN AISLAMIENTO, OCHO MESES DESPUÉS DEL ATAQUE DEL 30 DE MARZO DEL 2013

Estos hechos habrían ocurrido tras el ataque y muerte del líder waorani Ompore Omeway y su esposa Buganey Caiga, del 5 de marzo de ese mismo año en Yarentaro (ver PDF). Narváez analizó las lanzas usadas en este suceso y su conclusión es que pertenecían a grupos familiares en aislamiento. 

Al respecto, José Proaño, director de Land is Life para Latinoamérica, es categórico al afirmar que estos pueblos en aislamiento "no son violentos". Se respalda en un análisis de registros de encuentros, elaborado por una comisión de investigación del Ministerio de Justicia, que evidenció que en los últimos 30 años ocurrieron 120 contactos con indígenas waorani, de los cuales 85 no fueron violentos.

A diferencia del 2003, año en que también ocurrió otra matanza, hoy 17 waorani enfrentan un proceso penal con base en la justicia ordinaria ecuatoriana. Incluso, para este 5 de mayo, un Tribunal de Garantías Penales de Orellana (en esta provincia está asentado el Yasuní) ha convocado a la audiencia de juicio. Así lo confirmó el fiscal del caso, Andrés Cuasapaz.

Sin embargo, en torno a estos hechos ocurrió un acalorado debate, en torno a qué justicia administrar para resolver este caso. Hasta se elevó a consulta a la Corte Constitucional, aunque esta no ha dado una repuesta clara.

Eduardo Pichilingue, miembro del colectivo Yasunidos, asegura que aplicar la justicia ordinaria no es posible porque no existe un desarrollo consuetudinario sobre cómo administrar justicia para este tipo de casos.

Aparte que las costumbres waorani resultan muy drásticas y no compatibles, ya que a aquel que se equivoca y hace mal las cosas puede ser castigado hasta con la muerte con la lanza.

Ante esa situación, Pichilingue sugirió que "se llegue de alguna manera a administrar justicia ordinaria. Por ejemplo, que se restringiera su movilidad, trabajo comunitario y capacitarles sobre cómo entender el respeto a los derechos humanos y se conviertan en promotores en este campo".

No obstante, el Tribunal de Garantías Penales será el que decida la sanción, con base a lo que sustente la Fiscalía durante la audiencia de juzgamiento.

PARA DESMITIFICAR SU EXISTENCIA

Para desmitificar la presencia de estos pueblos indígenas en aislamiento en el Parque Nacional Yasuní, corazón de la Amazonía ecuatoriana, se suma una serie de testimonios dejados por líderes como Dayuma, Ompure y Carhue.  

ATAQUES COMO EL OCURRIDO EN EL 2013 CONTRA EL LÍDER WAORANI OMPORE Y SU ESPOSA TAMBIÉN DESMITIFICAN LA PRESENCIA DE LOS PUEBLOS AISLADOS.

Dayuma fue la primera mujer waorani contactada por una misión evangélica del Instituto Lingüístico de Verano, en la década de 1950 (falleció el 1 de marzo del 2014). Su pueblo también vivió por cientos de años en condición de aislado.

Ompore Omeway era uno de los contados indígenas waorani que mantenía relativo contacto con grupos tagaeri y taromenane. 

Carhue Tega vivía en aislamiento hasta finales de la década de 1980. A tal punto que hoy es el único que mantendría algún contacto con estos pueblos en aislamiento.

También están las diversas evidencias de encuentros fortuitos y enfrentamientos con grupos waorani, colonos, petroleros o madereros. Además de sus caminos, casas y sus chacras localizadas en medio de los bosques.

Hasta el propio Wilson Pastor, quien en los últimos 30 años se encargó del levamiento topográfico y más para las compañías petroleras, en documentos de finales la década de 1980 se refirió al grupo Shiripuno. Aunque luego negó la existencia de estos pueblos.

Esos intereses de las petroleras y más se empeñan en invisibilizarlos. Incluso las comunidades waorani, kichwa, achwar y colonos de la zona tratan de bajar la intensidad de la presencia de los tagaeri y taromenane.

“Lo hacen para poder realizar algunas actividades como licencias de turismo o forestales y recibir la titulación de sus tierras. Suelen decir no, no están por aquí. Ellos viven mucho más lejos. Igual argumento tienen las empresas petroleras”. Esa es la afirmación de Enrique Vela, antropólogo de Land is Life y uno de los estudiosos de estos pueblos.

CONSTITUCIÓN Y ZONA INTANGIBLE

Los argumentos de José Proaño van más allá. La Constitución de Ecuador, vigente desde el 2008, reconoce la existencia de pueblos indígenas en situación de aislamiento. “Eso no ocurre en Brasil, Colombia o Perú, aunque tengan políticas públicas de protección”.

“Los territorios de los pueblos en aislamiento voluntario son de posesión ancestral irreductible e intangible, y en ellos estará vedada todo tipo de actividad extractiva. El Estado ecuatoriano adoptará medidas para garantizar sus vidas, hacer respetar su autodeterminación y voluntad de permanecer en aislamiento, y precautelar la observancia de sus derechos. La violación de estos derechos constituirá delito de etnocidio…”. Art. 57, numeral 21, de la Constitución de la República.

A la par, Ecuador cuenta con una política pública y una institucionalidad, a través de la Dirección de Protección de los Pueblos Indígenas Aislados del Ministerio de Justicia. Es innegable. 

En 1999 se reconoció la Zona Intangible de cualquier actividad extractiva gracias a estos pueblos, aunque recién se establecieron sus límites en el 2008. El objetivo es frenar la extracción de petróleo y la minería, que con sus caminos dejaron filtrar a colonos, entre ellos los madereros.

Miguel Ángel Cavodevilla nos respondió desde España. Que debemos defender y preservar la existencia de los amazónicos en aislamiento por el valor innegociable de la vida humana y por muchos otros valores.

La convicción de Cavodevilla es que los Tagaeri y Taromenane tienen una inédita relación entre humanidad y selva “que deberíamos defender y de la que podríamos aprender no pocas cosas”.

Pero reitera su lamento que “muchas veces, solo intereses económicos y la hipocresía consustancial al mercado (nacional e internacional) son responsables que no sean calificados y defendidos como patrimonio del Ecuador y de la Humanidad”.

La antropóloga estadounidense Dinah Shelton los describe como pueblos indígenas o segmentos que no mantienen o nunca han tenido contactos regulares con la población fuera de su grupo. Esa definición la encontramos en el estudio Pueblos Indígenas en aislamiento voluntario y contacto inicial, de la Relatoría sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (2013).

“Los pueblos indígenas en aislamiento voluntario también pueden ser grupos o segmentos que, tras un contacto intermitente con las sociedades mayoritarias, vuelven al aislamiento y rompen las relaciones que tuvieron con dichas sociedades”.

Los tagaeri y los taromenane son los dos grupos indígenas en aislamiento que habitan en el Yasuní.

Incluso los tagaeri serían subgrupos de la gran nación waorani. Es la teoría que sostiene José Proaño. Sus argumentos son que su cultura material, incluso su lengua, es muy similar a la de los waorani.

Aún en la década de 1960, todos constituían un solo pueblo hasta que llegó el contacto forzado del ILV y su intención ‘evangelizadora’.

Un grupo, liderado por el guerrero Tagae y cuatro de sus siete hermanos, se rehusó a ese contacto y prefirió, junto con su familia, ocultarse en la selva. Se quedaron entre las cabeceras del río Tibacuno, Yasuní y Tiputini.

“No solo en un acto de autodeterminación, sino que Tagae se dio cuenta que estaría en riesgo, ya que otros clanes rivales también acudían al llamado del ILV, a través de Dayuma”. Esa es interpretación de Proaño a ese pasaje de la historia de estos pueblos aislados.

No todos los grupos wao se sometieron al contacto. Incluso Carhue y su familia vivían aislados en el corazón del Yasuní. Este grupo nunca llegó a Bahameno y tampoco acudió al llamado del Instituto. Lingüístico de Verano (ILV, que tenía la misión de ‘contactar’ a los habitantes de la Amazonía’) ni al del obispo Alejandro Labaka.

Si bien habían empezado a caminar para llegar al protectorado evangélico (un modelo de dependencia) Pero se quedaron entre los ríos Cononaco Chico y el Shiripuno, tras coincidir justo con la llegada y colonización de las petroleras.

No son nómadas. Solo acostumbran traslados y ocupaciones temporales en función de las condiciones ecológicas y bioculturales.

Es decir, a la disponibilidad de recursos como la chonta y huevos de charapa (tortugas de la Amazonía), complementado con sus chacras de productos como yuca, chonta, naranjilla silvestre y en los últimos años algunas plantas de plátano.

Sobre los taromemane, se tiene referencia a partir de datos históricos recopilados por Cavodevilla y los testimonios de los waorani, luego de sus expediciones hacia los grupos en aislamiento.

Las diferencias culturales con los tagaeri y waorani son mínimas. Igual compartirían la misma lengua y cultura material con ciertos matices.

Según Cavodevilla, ellos avanzarían desde el Perú por el río Yasuní. Entre 1971 y 1972, el grupo waorani de Ompore, Kemperi y otros se enfrentaron a los taromenane, cuando estos se llevaron a su sobrina Detae, desde el sector de Shiripuno.

Así queda demostrado que estos pueblos están en la región cientos de años antes que los colonizadores llegaran en busca del caucho, petróleo, madera y más.

Ecuador tiene en sus manos la oportunidad de salvar a estos pueblos aislados. El 4 de febrero del 2018, a los ecuatorianos se nos preguntó si estábamos de acuerdo con ampliar en, al menos, 50.000 hectáreas (las actuales son 758.000 ha) la Zona Intangible (inviolable como territorio para proteger a los pueblos en aislamiento. El Sí ganó con el 67.31%. Ahora queda por ejecutar esa voluntad popular.